Cuando llegué a Nueva York, no hablaba inglés. No tenía contactos. No tenía papeles.
Trabajé de todo: construcción, lavando platos, repartiendo comida. Llegaba destruido a casa todos los días.
Un día, paseando por Central Park, vi a un tipo que llevaba 6 perros caminando juntos. Curioso, le pregunté cuánto cobraba. Su respuesta me dejó frío:
Esa noche no dormí. Empecé a investigar. A estudiar. A entender el mercado.
6 meses después, tenía mi propia clientela. 1 año después, estaba ganando más de $6.000 dólares al mes paseando perros y cuidándolos. Sin jefe. Sin oficina. Sin estrés.
Y hoy, después de varios años en este negocio, tengo agenda llena. Tengo más clientes de los que puedo atender. Tengo que rechazar trabajo todos los días.
Por eso decidí abrir esto.